en la playa se llora mejor
spoiler: descansar era el trabajo
Mi entrada de año fue un completo desastre. Pero estaba en Pointe Sarène (Senegal) entre naturaleza salvaje y playas exóticas.
Y en la playa, se llora mejor.
Por la mañana sería otro día.
Por si acabas de llegar: soy Bárbara.
Esto es la carta 3 de una serie sobre mi Q1, emprendiendo con tdah.
Disfruté de mis últimos días de 30 grados en invierno con atardeceres espectaculares y volví a Madrid cargada de energía.
Enero fue exactamente eso: energía.
Mucha vida social. Gente nueva. Sitios diferentes. Abrí una cuenta de TikTok con un amigo para hacer el idiota. Subí a esquiar a Valdesquí — oye, ni tan mal. Fui a la Expo de Nike (lugar sagrado si sueñas con un vestidor de deportivas). Muchos matchas, muchos cafecitos, muchos paseos.
Balance de enero: dos países, 15 días de ocio, 17 sitios nuevos, media de 10K pasos. Y 4 días OFF de depresión post vacacional (no me culpo)
Febrero siguió bien.
Coffee Fest (lugar feliz si te gusta el café). Cine — rarísimo en mí — a ver El fantasma de mi mujer - ve a verla si quieres una película con el mismo nivel de absurdez que de risas-. Salí de fiesta por primera vez en meses. (El tema del alcohol lo tocaremos en oto capítulo). Y seguí conociendo gente mientras mantenía hábitos: rutina de mañana, ayuno, buena alimentación, 10K pasos.
Balance de febrero: 20 días de ocio, 30 sitios nuevos, 0 días OFF.
Y la sensación… de no haber trabajado NADA.
Mi mejor mes del año sin duda. O eso pensaba.
Porque en la última semana ya había empezado a volver odiar el deporte.
También llegó mercurio retrógrado el 26/02. Por que obvio, no voy a tener yo la culpa de lo que me pase.
Fuera de bromas: se paró mi reloj automático, mi espumador de leche, el secador (cuando esta marca dura decadas). Y el gadget que financié en Kickstarter en 2022 llegó por fin… y no FUNCIONA.
¿WTF, Mercurio?
Y entre una cosa rota y otra llega marzo.
Y con él, una idea que parecía muy razonable:
“Me estoy distrayendo demasiado. Tengo que trabajar más.”
Optimicé cada hora hacia el trabajo.
Decidí entrenar en casa. Salí menos. Cociné menos. Comí peor.
Resultado:
No entrené. Mi media de pasos cayó en picado. Mi ánimo por los suelos. No era capaz ni siquiera de salir a por un café. Algo tan simple como vestirme y bajar a la calle empezó a parecerme un esfuerzo absurdo.
El móvil lleno de notificaciones y cero energía para abrirlas. Evitando incluso salir a la calle para no cruzarme con nadie. Amigos preocupados porque no saben nada de ti.
Balance del mes: 10 días de “ocio”, medio mes OFF y el ánimo por los suelos.
No sé exactamente dónde empezó el bucle.
Si fue dejar de moverme. Dejar el ayuno. O convencerme de que el ocio era tiempo robado al trabajo.
Pero sé dónde terminó: sin ganas de vivir. Así, de golpe.
Así que usé mi salvavidas. Me fui a la playa.
Porque en la playa se llora mejor.
Volví a caminar. Volví a respirar. Y empecé a trabajar con otro mood.
Después de una semana hice RESET.
Avancé mucho en los negocios, recuperé buenos hábitos. Y, por fin, empecé a limpiar las más de 30 conversaciones que tenía sin responder.
No porque tuviera más horas.
Sino porque volvía a tener cabeza.
Hace dos cartas te decía que pensando en mi trimestre, me atacó de nuevo el pensamiento de menos vida = mejores resultados.
Pero al analizar lo que realmente ha pasado la ecuación cambia:
Menos vida no optimiza nada. Lo rompe todo.
He tenido que aprender a la fuerza que el ocio, la vida social no son el premio por trabajar. Son los cimientos PARA trabajar.
Si tienes TDAH y estás construyendo algo, esto no es opcional. Es sistema.
Seguramente se me olvidará otra vez. Pero lo importante es que ya se como transitar este camino en espiral.
En la próxima carta te cuento la realidad de los negocios y cómo estoy reorganizando mi vida para no colapsar con tantos frentes abiertos.
Nos vemos pronto.
B♡.

